16/7/15

Causa demoradora, efecto desolador- Roxy Dreams

¡Hola, vigilantes! Soy Roxy Dreams. Hoy os vengo con un nuevo relato (nuevo incluso hasta para mí porque normalmente no suelo escribir de este género), pero la verdad es que no me ha decepcionado en absoluto. Aquí os lo dejo. 
Espero que lo disfrutéis.



      - Hagamos lo que podamos- me dice él sin mirar al hombre que yace en el suelo. 

   Otra vez aquí. En el mismo sitio. Ahora estoy en el coche, sin sentimiento alguno. Sintiéndome culpable, cómplice de ti. En la radio suena “Love the way you lie” de Rihanna, y siento que todo lo que dice me está pasando. Está contando mi historia. De principio a fin. Bueno, fin todavía no, porque no lo hay. Nunca lo hay mientras él está conmigo. Sigue y me consigue. No puedo escapar de él. ¿Es un quiero pero no puedo o un puedo pero no quiero? Una fuerza magnética me atrae irresistiblemente hacia él, mientras otra parte me dice que abandone la jugada, porque al final la única que acabaré afectada seré yo. La canción acaba y suspiro. Retransmiten las noticias.

“Hemos encontrado a un joven de unos 20 años en la calle Roja. La policía sigue investigando los posibles sospechosos…”

“Sospechosos…” Pienso para mí. Si supieran quien es y quien era ese joven de 20 años.
Estamos en un mundo en el que el reino de la maldad y la violencia es la portada de todos los periódicos, en los que la hipocresía y la falsedad resultan ser las vencedoras de la batalla. Una batalla ya marcada por el odio y la venganza. El asesino me mira y me pide que lo acompañe. ¿Qué hago? ¿Me muevo? ¿Lo sigo? Él está esperando esa respuesta, pero una parte de mi cuerpo me dice que pare. Que hasta aquí ya ha llegado. Que no soporto ver más muertes por capricho. No más sangre derramada.  No más excusas de “Lo hago por ti”, o “lo merecía, él se lo buscó”. No puedo seguir así. No contigo.


Dicen que el amor es ciego, y que nunca sabremos de lo que somos capaces de hacer. Pero esto es llegar demasiado lejos. Decido seguirte, cual fiel esclavo sigue a su amo, con la diferencia de que yo no soy tu esclava, ni tu mi amo. Soy dueña de mi propio destino y, sin embargo, lo estoy poniendo a merced tuya. ¿Eres tú, cruel pesadilla, merecedor de mi corazón, o no es más que pura coincidencia que el destino te pusiera en mi camino? Y de haberlo hecho, ¿por qué? ¿Qué necesito demostrar? ¿Soy débil? ¿Soy fuerte? Sólo el tiempo lo dirá. Ese determinante que se va. Tempus fugit. El tiempo se va, el tiempo se aleja. No tengo demasiado en que pensar, y sin embargo, mis pensamientos y mi corazón jamás se podrán de acuerdo. Le doy la mano, confiando una vez más en él, y con dudas en mi mente. Él sonríe, como si hubiera triunfado, como si él hubiera conseguido dispararme una flecha en mi corazón y fuera cómplice de mi estúpida indecisión. Sonrío con pesar, de forma falsa. ¿Qué otra opción me queda? ¿Morir? ¿Dejar lo que una vez amé?

Sigo confiando en él, a pesar de todas esas muertes y de todos esos.  “Te cambiaré, lo prometo”. Mentiroso. Siempre me decías lo mismo. Tú y tus “posibles” cambios. Tú y tu pasado. Tú y solo tú. Caprichoso. Egocéntrico. Narcisista. ¿Acaso eres tú el centro del universo? ¿Qué hay de mí? ¿Acaso le importo? ¿Por qué juegas con mi corazón, como si de cartas se tratase? ¿Por qué me dices que me odias si luego me proteges? ¿Por qué me dices que no volverás a hacerlo, y disparas? ¿Por qué haces que odie amarte? ¿Por qué amas odiarme? ¿Por qué haces que el amor sea una batalla cruel y violenta, cuando todo podría ser más fácil? ¿Por qué todo se torna tan difícil? Has convertido mi vida en un abismo. Resulta difícil mirarlo a los ojos y pensar que por sus manos está cayendo sangre, pero como siempre, me mantengo firme, saco un pañuelo y empiezo a secarlo. ¿Por qué lo hago? Maldita sea. Tendría que entregarlo. Así, sin miramientos. Ahora no soy más que su cómplice y por más que quiera nadie podrá decirme lo contrario (a no ser que tenga un buen abogado, claro). Él me mira, con sus preciosos ojos grises y me sujeta la mano con la que le estoy secando. Me quedo hipnotizada en su penetrante mirada. Casi no puedo moverme. ¿Cuál será su próximo movimiento, su siguiente estratagema? Dímelo, ya no aguanto más. ¿Qué será lo siguiente?

- Lo siento- me dice él sinceramente. Otra vez con su insinuante mentira- Sé que esto no es lo que querías para ti ni lo quiero para ti, pero era necesario. Ahora mismo me estarás odiando con todas tus fuerzas, lo sé. Esto no es normal, también. Pero necesito que entiendas que esto se va acabar, pero todavía no. ¿Confías en mí?

Esto no pasa en la vida real. Claro que no. Estoy soñando. Con todas las letras. Me está pidiendo que le acompañe… No, no es solo eso, sino que además le ayude a matar a más gente. Pues mira, chico, lo siento, pero no. No puedo confiar en ti. Tengo que decírselo, contarle que ya no puedo más, que esto se terminó. Al principio todo iba bien, éramos una pareja más o menos “normal”, feliz y sin complicaciones. Pero tras la curiosa y secreta llamada que tuvo, nuestra armonía se desequilibró. A veces intento preguntarle quien era, pero cada vez que esa conversación aparece cambia rápidamente de conversación. Los  primeros días los pasé con ojos abnegados en lágrimas, no entendía nada. ¿Qué era lo que pasaba? ¿Por qué ya casi no me hablaba? ¿Quién era quien le había llamado?  ¿Cómo es que siempre conseguía sobrevivir a todos con los que se enfrentaba? Necesitaba una respuesta y la necesitaba ahora, pero mis tripas comenzaron a rugir. Lo miré con urgencia, me llevé instintivamente la mano a mi barriga.

- ¿Y bien?- me dijo él, todavía seguía esperando una respuesta.
- Creo… creo que lo mejor es que vayamos a comer algo. Estoy hambrienta- él asintió con pesar. Sonrió un poco, creo que porque se pensaba que por lo menos no me había perdido y que había confirmado su pregunta indirectamente. Pero todavía tenía mis dudas y quizá cuando estuviésemos comiendo, podríamos hablar más tranquilamente. Eso si no me ponía a saltar a la mínima, que con estos días, se habían dado con mucha frecuencia nuestros gritos y discusiones. Antes no eran tanto,  ahora se hace todo un dramón de película y podemos pasarnos días sin hablarnos.

Pero estoy cansada de escuchar una y otra vez lo mismo. Cada día. A cada hora, minuto y segundo. Voy a poner las cartas sobre la mesa de una vez por todas y será todo contigo o sin ti. Ya no lo aguanto más. Como siempre fuimos a su “guarida”, ya que nadie tiene que saber nada de nosotros.

Ya hemos llegado. Abre la puerta vacilante, dejándome paso. Entro y observo la entrada, tan elegante. Tan puesto. Está todo preparado para que me derrita en sus brazos. La cena está lista en la mesa, encandilada junto a dos velas encendidas. El ambiente se encuentra sumergido en una música tranquila, suave, dulce y armoniosa. Él me mira una vez más rogándome con sus ojos y susurrando mi nombre dulcemente:
- Esther….
Ambos nos sentamos. Nos encontramos ante duros minutos de silencio, reflexionando quien va a hablar primero. Antes todo hubiera surgido entre sonrisas, rosas y abrazos, pero a día de hoy no. Las sonrisas se transformaron en tristezas y angustias, las rosas, en espinas y los abrazos, en separación, en una distancia que se tenía que arreglar de una vez por todas. Me decido a hablar, separándome un poco de la mesa y cruzando los brazos, demostrando mi inconformidad por cómo se estaban dando las cosas:

- Víctor….-respiré tranquilamente antes de seguir- Tenemos que hablar.
- ¿Qué pasa?
- Sabes exactamente lo que pasa… Cada minuto, cada segundo del día lo sabes de una forma inimaginable y lo callas. Tratas de esquivarme y eso me duele. No sabes hasta que punto. Pero una tiene su límite. Necesito saberlo. No mañana ni dentro de dos días en los que ni siquiera nos miremos a la cara. No. Ahora. ¿Qué está pasando? ¿A qué viene matar a esa gente? ¿Quién fue quien te llamó aquella noche tormentosa? Necesito respuestas y las necesito ya.

Él se quedó callado. No pronunció palabra alguna. Pero yo me quede firme, evaluando su mirada cada vez que mis palabras disparaban como flechas contra él. Después, él cogió un poco de vino e intentó servirme, pero yo aparté la copa.

- ¿No tienes hambre? Lo he hecho especialmente para ti.
- Gracias por nada- le dije a modo de respuesta- ¿Acaso es que no confías en mí? Por si no lo sabes, ya estoy metida en el trapo, no me puedes dejar así sin ninguna respuesta. ¿Sabes lo fácil que sería dar vuelta atrás y dejarte? ¿Ir a la policía, por ejemplo? Delatarte. Delatarnos.
- ¿Es una amenaza?
- No, todavía no. ¿Tanto te cuesta confiar en tu novia? He estado al lado tuyo durante todo este tiempo. Te he seguido a pesar de             que no debería, pero lo he hecho.
- Nadie te pidió que lo hicieras.
- ¡Claro! Ahora el problema es que yo soy la culpable. Pues sí, fui una idiota por seguirte, una estúpida por creer en tus palabras. “No lo volveré a hacer, te lo prometo, cariño”, me decías. No sabes lo que me dolía cada vez que no hablábamos.
- Tendrías que haberte alejado. No soy bueno para ti.
Estaba alucinando en colores. ¿Qué es esto? ¿Una escenita tierna en la que me conmociono y le digo todo lo que siento por él? Pues ahora mismo no estoy de humor para ello. No es bueno para mí… Eso lo he estado oyendo de mis padres, de mis amigos… Pero nunca de él. Pero empiezo a pensar que todos tenían razón y de que yo era la que me equivocaba.
- Quizás tienes razón. Pero no fue porque fueras malo o bueno. Te elegí porque te quería y porque tú me querías, porque podíamos contar uno con el otro. ¿O acaso no lo recuerdas? ¿Dónde quedaron esos días?- desvía la mirada- No, no me ignores por favor. Esto ya está siendo demasiado bochornoso como para pensar que hasta las paredes me están haciendo más caso que tú- decido levantarme de la mesa, voy a su cuarto donde las maletas siguen cerradas y la cojo- tienes dos opciones: o me lo cuentas o me voy por esa puerta y no me vuelves a ver nunca más.
- No serías capaz….

Oh, créeme, no sabes de lo que soy capaz…. Me dirijo hacia el corredor. En el último momento, me coge del brazo haciendo que la maleta se caiga y me mira tristemente. Se acerca a mí, casi puedo oír su respiración. Me invita como a besarle, pero no puedo. Nos quedamos mirando ampliamente como si cada uno sufriera esta discusión:
- ¿Y bien?
- Esther, yo….
El teléfono suena en el salón. Víctor cierra los ojos pesadamente, derrotado por la llamada:
-Tengo que cogerlo. No…
- No hace falta que digas nada más- él se aleja mientras de mí salen dos lágrimas.
Abro la puerta, pero justo cuando voy a cerrarla….
- Sí…. No puede ser… Pero yo pensé… Ella no necesita saber en qué estoy metido… Es mejor que se… Vaya…. Estoy bien, nada que no deba preocuparle… ¿Qué? No puede ser… Rubén ha vuelto a escaparse… Esto no puede ser bueno…

  Y hasta aquí la primera parte.
¿Os ha gustado? ¿queréis saber como sigue?


2 comentarios:

  1. El relato es muy bonito. La verdad es que has dominado muy bien el género. Aunque no es exactamente lo que me gusta leer me ha parecido deslumbrante. besos!!

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  2. Hola. Me gusta el relato. ¡Buen trabajo! Ya te sigo. Un abrazo desde http://carmenensutinta.blogspot.com.es/

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