15/3/14

El monstruo que hay en mí por Roxy Dreams


Cada día la veo sufrir. La veo retorcerse de dolor. Y me duele, porque la quiero. Pero ya no hay vuelta atrás. No puedo controlarme. La muerdo, siguiendo por su cuello, saboreando la sangre, pero a la vez sintiendo culpa y confortabilidad. Mi ser y mi monstruo se pelean juntos por saber quién ganará. El recuerdo me sigue embargando, cuando peleé con ella sin quererlo, cuando me enfurecí demasiado, cuando me tiré al suelo para ocultar mi parte horrible, y después….

- Oliver, ¿qué haces ahí sentado? ¡Llegaremos tarde al teatro! Me prometiste que esta vez llegaríamos a tiempo.
           
            La miro ocultando parte de mis lágrimas. Ese sueño se repite incesantemente en mi cabeza. Y un día, por desgracia, ocurrirá. Por mucho que intente controlarme, todo será en vano. No quiero que ocurra. Dirán que soy un romántico loco, y que eso sólo llevara a la desgracia de la gente que me rodea, pero…
-Cariño, vámonos ya, que luego vamos a ir con Sandra y Pablo- me zarandea un poco.
           - Está bien- cojo mi abrigo y, antes de salir, la abrazo con mucha fuerza.
            Si estos fueran los últimos días de su vida, me gustaría que los recordase como
            soy ahora. Y no como la bestia que pronto despertará de mí. Ella ríe un poco y
observa con mucha ternura, mientras se deshace de mí rápidamente y, pillándome de sorpresa, me besa en la boca. Es un beso fogoso, apasionante  y no quiero que acabe nunca. De repente, suena un pitido. No quiero separarme. Ahora no. Pero vuelve a sonar otro diferente y los dos nos separamos, un poco agitados por la emoción del momento. Es el pesado de Pablo, que nos repite en dos mensajes que llegaremos tarde.
-¿Ves? Te lo dije- dice ella picajosa.
-Anda vámonos. Las damas primero- ella me da un golpe en el hombro.

Tras la caminata hacia el teatro, ella estaba muy contenta. Ya se le había pasado el enfado. Si supiera mi realidad, no creo que estuviese de la misma manera.

            -¡Me ha encantado! Menudo drama que tienen los actores. Lo hacen tan bien- dice Pablo con alegría.
              -No ha estado mal, pero me hubiera gustado más quedar en el cine-
            -Sandra, no te quejes. Puede que no tengas otra oportunidad de volver a estar en un teatro tan espectáculo como este. Además, a Oliver le costaron un ojo de la cara y encima, nos ha puesto donde mejor se veía. Creo que deberías de agradecérselo, ¿a que sí, cariño?- asiento con la cabeza y miro hacia otro lado.
            -¡Qué filosófica te pones a veces, Inés! “Puede que sea la última vez que….” Te sienta muy mal el teatro. Y constatando con lo de tu novio…- Sandra me mira y yo me quedo paralizado. Ella sonríe, triunfante-… es muy original. ¿Sabes, querida? Se me hacía raramente familiar al actor principal.
            -No sabes lo que dices. El personaje principal hacía de un vampiro atormentado y mi novio no está atormentado. Además, los vampiros no existen.
            -Inés, vámonos, Sandra está cansada y…-
            -No, déjala que yo le explique y le saque de la ignorancia que tantos años ha estado viviendo porque tú no querías contárselo. Dime, Inés, ¿crees que los vampiros no existen?
            -No es que no lo crea, es que lo sé con seguridad- ella se adelanta hacia Sandra, pero la cojo de la mano, apartándola. Ahora no. En ese momento, Sandra me aleja, saca una navaja y se la clava a Inés en su brazo izquierdo. De él, empieza a manar un hilillo de sangre. Por favor, no puede ser, no quiero que llegue…
            - Venga, Oliver, saca la bestia que hay en ti. No lo resistas, sabes que lo llevas deseando demasiado tiempo. Ha llegado el momento de ver al verdadero Oliver.
            - ¡Ahh!!- grita Inés de fondo. Pablo intenta ayudarla. Yo no puedo hacer nada, salvo intentar salvarme de mi otro yo.
- Oliver, mátala y ambos seremos felices eternamente haciendo el mal.
- Pablo….- digo con una voz hosca. Él pone su atención alternativamente en Inés y en mí- llévala donde esté lo más alejada de mí. Inés, te quiero, pero si me quedo… contigo…. Te mataría… ¡Iros!
- Cariño… escúchame, yo confío en ti, no dejes que tu parte mala triunfe. Enfréntate a ella…. Y quizás ganes la batalla- ella hace ademán de desplazarse y al llegar a mí, me da un beso largo y profundo. Pero hay cosas que llegan sin quererlas uno, instintivamente.
- Vete… ya…- ¡Ahora!- ella corre, junto con Pablo, quien la coge porque no puede seguir. Todo está negro. No estoy muerto, pero tampoco vivo. ¿Qué me pasa? Siento algo en los labios, unos dientes más afilados de lo normal. Sandra ha desaparecido. El callejón está vacío. Siente un impulso de beber sangre. El charquito que dejó Inés sigue en la calle y me acerco sigilosamente a ella. Cojo con un dedo un poco de sangre y la pruebo. Al sabor cálido de la sangre, cojo más y más, intentando percibir algo con mis nuevos sentidos. En un instante, percibo a través de mis ojos el lugar exacto en la que mi víctima se encuentra y, sin yo quererlo, me encuentro en dicho sitio. Inés se sobresalta y se cae al suelo.
-Oliver…
            -Yo no soy Oliver- dice una voz hasta entonces desconocida para mí. Es grave y terrorífica- Creo que te has confundido.
            “-Perdona, me ha llamado a mí, no a ti.”- le digo a mi monstruo.
“-¿Quieres callarte? Ahora me perteneces”- sigue diciendo mi monstruo.
 “-Con que te llamas Oliver, ¿no?”
“-Por supuesto que no.”
            Inés nos observa con cara extrañada y aterrorizada.
                        “- Entonces, déjame hablar con Inés acerca de ti y luego ya…”
                        “- ¿Me dejarás cumplir con lo acordado?”
            Asiento lentamente con la cabeza. Vuelvo a mi forma normal y cojo en volandas a Inés. Le explico con pelos y señales mi origen y mi fatuo pasado.
            Ella me abraza y, por primera vez, lloro entre sus brazos.
            “- Se nota que la quieres. Pero soy un monstruo y como tal, tengo que hacer lo que el cuerpo me pide. Si no, los dos moriremos.”
            Explico interiormente a mi monstruo que la necesito y que si fuera necesario, moriría por ella. Inés no está asustada, sabe lo que pasará, y a mi me asusta. Porque no quiero hacer una atrocidad de la que me arrepentiré el resto de mi vida. Ella susurra levemente mi nombre, haciendo referencia a que ha llegado el momento. Los dos nos decimos un “te quiero” tan grande y tan furtivo, que si el monstruo hubiera tenido conciencia, la hubiera dejado. Si pudiese, no hubiera mirado, pero claro, el asesino era yo, no habría tenido mucha lógica.
“-¡Compañero, venga!, déjala ir, con lo preciosa que es…”
“-Sí, es una pena deshacerse de alguien tan bella, pero…”
“- ¡Espera! Mátame a mí en lugar de a ella.”
El monstruo se queda expectante a que le explique lo que quiera que haga, impaciente de poderse satisfacer. Quiero decir, satisfacerme. Esto es algo raro, ni siquiera sé si funcionara. Le digo que salga de mí y que sea yo quien sea mordido. Pero él replica, porque piensa que a lo mejor después de matarme, matará igualmente a Inés y del otro modo, sólo sería ella quien moriría. Sin quererlo, arremeto contra Inés. Ella está a punto de morir, pero no pierde esa naturalidad, ese rayo de esperanza, mientras dice, repetidamente, que no tengo por que hacerlo. Necesito algo realmente valioso para superar las dificultades. Todos tenemos un monstruo dentro de nosotros mismos, solo que no todos lo aceptan. Nuestro monstruo vivirá con nosotros por siempre, pero no es malo. Solo tenemos que decirle que se calme e intentar hacerlo pequeño. Sé que tengo que vivir con esta parte, pero en ocasiones no la soporto, porque me hace daño, porque hace cosas que yo no controlo. Intento hallar la manera de comportarme bien, ser una buena persona, no sobrepasarme ni alterarme demasiado. ¿Qué soy realmente? ¿Quién soy yo? ¿Soy Oliver? Oliver. ¿Soy mi yo verdadero o realmente está dentro de mí, Oliver, el monstruo? Sea lo que sea, tengo buscar mi yo. Estoy confundido. Nada más. ¿Y si he estado viviendo una mentira de la que no puedo salir y sigo creyéndomela? ¿Y si aparece de pronto la cámara oculta y todo es una broma? La gente siempre tiene miedo a las adversidades. Son tan fuertes que nos ciernen, nos aprietan demasiado como para poder quitárnoslas sin ayuda. No entiendo como he querido matarla, si es lo que más amo, no sé cómo he podido recrear de mis sueños hacer una realidad ostentosa y hórrida. Levanto del suelo a Inés y:
-Necesito ayuda. Estoy…
-No digas nada. Te ayudaré.

A la mañana siguiente, ella me llevó al psiquiatra, donde después, el señor me diagnosticó que todo lo que yo había creído había sido una pequeña anomalía en mi mente debido a mi espantoso pasado que había creado un ser malvado y maquiavélico que torturaba mis noches y me recriminaba los días. Donde me explicó que todos los acontecimientos habían sido fruto de mi imaginación. No me había desplazado tan rápido hacia ella, sino que había corrido demasiado y ella estaba en la calle, no en casa. No era un vampiro, pero sí tenía un poco de locura y esquizofrenia, ya que le explique que había hablado con mi ente malvado. Me mando reposar en casa y no salir en tres días. De vuelta a casa, seguí pensando que había cosas que no me concordaban. El rastro del suelo de sangre y el sabor de ella en mi boca, ¿qué?, ¿y qué pasó con Sandra? Inés me explicó que ella dijo que se parecía a mí porque tenía el mismo corte de pelo que yo. ¿Y el navajazo? Volví a preguntarla. Ella me dijo que Sandra había traído unos gusanitos y como no podía abrirla, cogió unas tijeras y que, “accidentalmente” cayeron sobre ella, haciendo a Inés un pequeño rasguño, que no era para exagerar, según me enseñó. Total, que todo lo que había pasado, era una noche falsa en la que no sabía lo que estaba pasando. Pero, ¿y si no lo fue?
“Quizá no lo sea” dijo mi monstruo. “Déjame en paz”. “¿Sabes? Fuiste muy valiente al no dejarme que la matará. Es cierto, todo esto es un lío. Pero estoy dentro de ti y quizá me vaya o quizá no. Pero gracias a tu novia y a ti me he dado cuenta que también tengo conciencia y sentimientos. Pero te seguiré haciendo daño”. “No me importa, podré vivir contigo, algún día desaparecerás de mí y nada de esto será recordado.”
“Pero… mientras tanto…Seré el monstruo que hay en ti.”
                       



            

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