29/1/14

Viernes para ti, viernes para mí

Te quiero y ya no puedo ocultar este sentimiento más. He tratado de distraerme con otra cosa, intentar aparentar que mi amor por ti era falso. Pero no puedo, porque una vez que te embriagas de todo ese amor, ya no hay vuelta atrás. Pero no te lo digo porque soy una cobarde y no quiero arruinar mi amistad contigo.
Tiene gracia que, en ocasiones, la amistad y el amor entren en conflicto.
 ¿Cuál de las dos perdurará? ¿Cuál es la opción correcta? Si soy tu amiga, por dentro seguiré sufriendo por no decirte mis sentimientos, pero si te los digo… No sé que pasará. Tengo miedo al rechazo. A que me ignores y te rías en mi cara. No quiero hacerme ilusiones para luego saber que saldré herida. Lo he soñado tantas veces de una y mil maneras que a veces  pienso que se hará real y pierdo el aire. No puedo. No es fácil. Dirás que no me entiendes y no podré volver a verte. Y te necesito. Aunque sólo seas mi amiga y yo esté locamente enamorada de ti. Pero también recuerdo pequeños detalles que haría lo que fuera porque se hicieran todos los días. Tú y yo. Pero es cierto que a veces tampoco te soporto. Que callaría tu boca para que tus palabras no fueran tan perfectas y no me sintiera achantada por ello. Pero bueno, en el amor no va a ser todo arco iris. A pesar de tu perfeccionismo, al que veo como una discordia en ti, te quiero tal y como eres y no te cambiaría por lo que eres. Te amo y te odio al mismo tiempo. ¿Tiene sentido? No, pero el amor nunca lo tiene.
Se aleja vertiginosamente el día de Navidad y yo estoy pensando en que te diré el viernes. Viernes que se aproxima. Viernes de salidas. ¿Qué por qué he elegido ese día? Porque será el último viernes del año y necesito decírtelo. Porque vamos a quedar y quiero aprovechar la ocasión ahora de decírtelo. Porque estaremos solas y tranquilas sin que nadie nos moleste o nos interrumpa. Pero incluso aunque viniera alguien, nadie podría borrarme ese momento y esa locura que haré ese día. No sé que regalarte, Y es que, aunque no eres difícil, no encuentro regalo alguno que encaje como un puzzle para ti. Cuando uno es pequeño, te pueden regalar un coche, una casa de muñecas, una cocinita, videojuegos… Pero poco a poco nos convertimos en adolescentes que tienen todas esas cosas guardadas en el sótano o incluso vendidas. Realmente no se me ocurre algo que te pueda gustar. Al menos no algo material. Pero tú no dijiste nada de que no pudiese ser material, ¿verdad? Supongo que las cosas que realmente tienen valor son las que salen de nuestro corazón. De nuestra alma. Aunque a veces no tengamos el valor suficiente para admitir lo que sentimos . Tenemos miedo al que dirán…. A mí eso no me lo da. Lo que realmente me aterra es a que me digas que no, tan grande, tan fuerte, que suene como truenos y relámpagos, que me partan en dos, de no volver a levantarse del suelo.

Los sueños se repiten una y otra vez incesantemente, mientras intento acallarlos: te ríes en mi cara mientras te digo desesperadamente lo que siento. Te observo pero tu mirada se frustra, tus labios se curvan hasta dibujar una mueca de desprecio y tus manos me alejan de ti. Mientras corres diciendo que lo he estropeado todo. Que un secreto debe esconderse en el cajón y no dejarlo libremente abierto. Pero aunque mis sueños son pesimistas, también sueño una versión un poco más suave: en ella, me dices que aunque no sientas nada por mí, me seguirás apoyando. Que no me abandonarás y que me protegerás cuando alguien trate de meterse conmigo. Que nunca cambiará lo que tenemos. Otro sueño mucho más romántico (y el que yo querría para nosotras): estamos en la plaza dando una vuelta, te digo que esperes; te pones enfrente de mí. Empiezo a explicarte mis sentimientos. Me miras sin decir nada, empiezo a llorar mientras me aferro a la esperanza de que digas algo mientras repito entre borbotones de lágrimas que te amo con todo mi corazón y me callas con un beso. El beso más dulce que puede existir.

Pero es una tontería. Como todo lo que siento. ¿Es esto lo que tengo que decir? ¿Lo que quieren que diga? ¿Que estoy en una absurda fase de la que saldré enseguida? Las cosas del corazón no funcionan así. No pienso negar lo que soy. No me avergüenzo de lo que soy, y aunque lo hiciese, eso no cambiaría lo que soy. Y no quiero que cambie. Porque debo empezar a aceptarme, sin importar lo que digan los demás.
 No es algo que se elija. Es algo que sientes. El amor es tan maravilloso. Por una vez en mi vida me siento feliz de ser quien soy y no voy a fastidiarlo por mis estúpidos pensamientos. Sea lo que sea, no importa.

            ¿Por qué no puedo expresar mis sentimientos cuando estoy con ella? Siento pequeñas mariposas en el estómago y tengo el apego de sus labios. De que se unan con los míos. Pero a veces me doy cuenta de que somos muy diferentes: tú eres pescado, yo soy carne; tú eres azul, yo soy rosa; tú eres la tranquilidad, yo soy el alboroto… Pero quiero estar contigo. Entro en lucha constantemente conmigo. Amistad. Amor. Luego además pienso, que para el próximo año no estés conmigo, no me llames suavemente por mi nombre, no me voltees una y otra vez mientras me llamas ‘peque’, tus besitos esquimales…
Reflexiono en lo rápido que se pasa el tiempo y me da por suspirar. No quiero perderte, mas sé que no estaremos juntas por siempre. O quizá sí. ¿Quién sabe?

Hoy es viernes. Ha llegado el día. No he estado más nerviosa desde que entré primeriza en infantil. ¿Qué hago? ¿Qué le digo? ¿Cómo reacciono? La respuesta es tan sencilla como ser yo misma y comportarse como siempre: con sinceridad. Además, Belinda es muy observadora y sabría al momento que me pasaría. Yo me preocupo por ella también, pero me falta un poco más de atención. Hemos quedado en la plaza. ¿Cómo reaccionará? No lo sé, pero no me voy a echar atrás, incluso aunque mis palabras se trastoquen al intentar hablar o empieza a llorar desmesuradamente. Tengo los nervios a flor de piel. Una cosa sé que pasará: que ya me estará esperando. Salgo por la puerta con las energías suficientes y con mis esperanzas puestas en este viernes quejumbroso. Espero que el tiempo no empeore.

He llegado. Como había obviado, ella está allí, con una sonrisa en el rostro. Con sus guantes de perrito, su parca color negra, sus preciosos ojos marrones, su esbelta figura, su gorrito de lana, su vestimenta casual y cómoda… Ella sí que puede decir que no está nerviosa. Observa el pequeño paisaje que debe privarle en este momento, al mismo tiempo, de que se percata de que estoy allí con ella.

-          Hola, Bel.
-          Amelia- dice ella antes de dirigirse a mí.
-          Hola- la sonrío y la abrazo. Ella me corresponde y me voltea como de costumbre.
-          Felices fiestas, peque. ¿Qué tal te fue la Navidad?
-          Bastante bien. No hubo mucho barullo. Ha sido una Navidad tranquila. ¿Y la tuya?
-          Bien.

La plaza está muy vacía No hay nadie, excepto nosotras dos. La miro intensamente, mientras habla de sus primos, pero apenas oigo el principio. Pienso en que es ahora o nunca cuando debo decírselo.

            -…. Son tremendos. No se les puede remediar. ¿A qué no, Amelia?
-       Hummm.... ¿Qué? ¡Ah! Tus primos. Supongo. No les conozco.
-          Estabas distraída, ¿me equívoco?- bajo la cabeza avergonzada- No, claro que no me equivoco. A ti te pasa algo, ¿cierto?
-          Posiblemente
-          Ya lo decía yo. Algo que a mí no se me escape…- ¿ves lo que les digo? La callaría ahora mismo, pero bueno, es ahora cuando….- ¿Amelia? ¿Quieres decirme lo que anda por tu ferviente cabecita?
-          Es que… esto… yo….- no me salen las palabras- Nece…
-          Amelia, si es un secreto no voy a decírselo a nadie. Desembucha, no me dejes con el gusanillo de tener que sonsacártelo a través de las cosquillas.
-          Necesito..-espero expresarme bien y no decir lo primero que se me ocurra- agua.
Ella sonríe y saca de su mochila una botella. Se lo agradezco y bebo, de nuevo, avergonzada, y con las mejillas coloradas. Después del agua, se la devuelvo con fuerza.
-          Necesito decirte que… Estoy un poco nerviosa, pero…- ella va a hablar pero le pongo los dedos en los labios- no hables, por favor, no digas nada hasta que termine- ella asiente y me escucha con cara de que va a guardar un secreto importantísimo- Un día empieza todo y sin quererlo, te veo como a otra persona. No sé cuándo empecé a quererte pero lo hice y no cambiaría lo que siento por nada. Es una sensación que había dejado hace mucho atrás: el amor- pongo mi mano en el corazón, me acerco a ella y Belinda me mira con los ojos abiertos- sé lo que estás pensado: ¿de que habla esta peque? Estoy hablando de ti. No es algo que pueda controlar. Lo siento en mi corazón. Te a…- pestañeo rápidamente- te a… amo. Es una palabra fuerte para una amiga. Pero soy así a la hora de expresarme. No quiero que te compadezcas de mí, porque no me gustaría que dijeses algo que realmente no sientas. No quiero forzarte a nada, simplemente te digo las cosas como las siento. Quería decírtelo ahora porque no veía otro día. Si lo he estropeado todo, solo dímelo, grítame si quieres.
Ella no tiene palabras. Se ha quedado muda. Está asimilando lo que le he dicho. Empieza a poner caras: triste, enfadada, furiosa, pensativa, alegre… Da vueltas de un lado al otro sin tomar un rumbo fijo. No es fácil lo que acabo de decir. Cuando creo que no va a decir, exhalo una bocanada de aire y ella habla:
-          Amelia, ¿has pensado en las consecuencias de lo que me acabas de decir?- su mirada es seria y penetrante.
-          Claro que lo he pensado, Linda. Un montón de veces. De un millón de formas. A través de los sueños. A través de mis pensamientos en los que amor y amistad se batían en una batalla de la que, al final, no sabría quién acaba de ganar.
-          ¿Y cómo dos cosas tan buenas como el amor y la amistad pueden pelearse?- dijo ella de forma más tierna.
-          No lo sé. Supongo que es porque no sabía cuál de las dos prevalecería en nuestra relación. Mil veces me he llamado cobarde, otras mil me he castigado por sentir lo que siento; pero otras me he aplaudido, me he reído conmigo misma y con mi ser, he gritado de emoción por salir de un sitio del que hacía mucho tiempo estaba encerrada sin encontrar la salida.
-          Tiene mucho coraje lo que has dicho, señorita ‘Peque’. Y con respecto a lo que has dicho, alguna vez lo he pensado, pero nunca he pensado en decírtelo, por miedo al que dirás…-
-          Pues ya has visto que estamos en las mismas… Ahora me doy cuenta que, diciéndolo o no, no eres un cobarde, no eres alguien de quien te puedas sentir avergonzado. Simplemente necesitas un tiempo para estar de acuerdo contigo mismo y seguir adelante.

Ella me aplaude y me abraza con mucha efusividad. Me da un beso en la mejilla y me coje de la mano, caminando juntas hasta cualquier lugar.




1 comentario:

  1. Precioso, todos los sentimientos perfectamente expresados.
    La sensación de incertidumbre, la impaciencia, el amor... Todos se unen y consiguen dejar al lector con un sonrisa en los labios al terminar de leer.
    Un besazo enorme Roxy ;D
    Lena

    ResponderEliminar

Hola, muchas gracias por tu visita ;)
Deja tu comentario, tus opiniones y críticas son importantes para mí
Los comentarios que contengan spam o comentarios ofensivos serán eliminados.

Disfruten del blog ;)