10/1/14

Promesa navideña

Hola mis queridos vigilantes, hoy os voy a mostrar el relato que presenté al 1º concurso de relatos: Érase una vez organizado por P.F.Roche que aunque no gané me gustaría compartirlo con vosotros. 
Espero que lo disfruteis. Besos


La nieve empieza a caer mientras el frío me atormenta sacando a la luz promesas aún no cumplidas. Mi esperanza empieza a ceder mientras espero su llamada. A mi alrededor todos están felices preparando sus maletas para irse. Mañana es Navidad, esa fiesta de sueños e ilusión, pero no para mí. Estaré sobre estas cuatro paredes un año más.
            “El orfanato Wikery está a punto de cerrar”.-Ya era la hora. Me quedaría sola otra vez, dentro de estas frías paredes mientras los demás pasaban las fiestas con sus seres queridos. Una solitaria lágrima cae por mi mejilla mientras miró el frío invernal de afuera.          
-¡Lucy, vamos, te están esperando!-Miro a Inés, mi compañera de habitación sin comprender.-Tú solo haz las maletas, es una sorpresa.
Cojo mi maleta y meto todo lo necesario. “Una sorpresa, me pregunto que será”.
Bajo al hall donde me espera el director al lado de una mujer de una mediana edad.
            -Lucía, está es la señora García. Te llevará a pasar las Navidades.-Me quedo mirando sin comprender. “¿Acaso me iba a adoptar? No, aquello no tenía sentido, tan solo me quedaba un año para marcharme”. Miró a la señora García que sigue observándome con una sonrisa de oreja a oreja mientras se vuelve y va hacia el taxi que nos espera fuera.
            El taxista mete mis maletas mientras me siento en la parte trasera del coche junto a la señora García. Ninguna decimos ni una palabra, así que decido observar el paisaje de la ventana nerviosa por el incomodo silencio que se había producido en este momento.
            -Tranquila, las mejores sorpresas se hacen esperar.-la vuelvo a mirar. Parece agradable.
            -¿Y qué sorpresa es?-Me atrevo a preguntarle.
            -Si te la dijera te la estropearía.
            -Tiene que ver con que me va a adoptar.-la señora García rió.
            -No te voy a adoptar. Espera…-busco en una de sus bolsas y me paso un paquete.
            Lo cojo extrañada.-¿Es para mí?
            -Sí, pero te pido una pequeña cosa, no lo habrás hasta que llegues.-Asiento y cuando el taxi empieza a ponerse en marcha vuelvo mi vista a la ventana mientras observo las preciosas calles adornadas, llenas de hermosas luces de colores. “Hace tanto tiempo que no salgo”. Cuando en mi mente me inunda uno de mis recuerdos en mi última Navidad con él dos años atrás.
“-Está será la última Navidad que estarás aquí.-dije.
-Lo sé, pero volveremos a vernos, lo prometo.-y me abrazó.
-Eso no lo sabes, hasta dentro de tres años yo no podré salir y tu ya estarás muy lejos.
              -Entonces encontraré la forma, cueste lo que cueste, incluso puede que te saque antes de que…-le calle con mis labios. Una despedida que nunca olvidaré. Aunque no te vuelva a ver” Pensé mientras una lágrima caía por mi mejilla.
-Un perfecto beso bajo el muérdago.-Dijo y miramos hacia arriba viendo como allí estaba perfectamente colocado sobre nosotros.”
-Lucía…-alguien me tocó el hombro. Me desperece dándome cuenta que estaba en el taxi.-Ya hemos llegado.
Salí del coche. Un enorme edificio se cernía delante de nosotros.
-Bueno aquí tienes tus cosas, el piso es el 6º E.
-¿No viene?
-No, bueno, pasa una Feliz Navidad.-Dijo subiéndose de nuevo al taxi.
Cojo mis maletas y el regalo y subo por el ascensor hasta llegar al sexto.
“Bueno, aquí es” Y toco el timbre. Nada, pruebo de nuevo con el mismo resultado.
“No lo entiendo” Pienso. Vuelvo a coger el regalo de mi bolso y decido abrirlo. “No lo puedo creer”. Son unas llaves. Las meto en la cerradura encajando a la perfección mientras oigo como desde dentro el picaporte empieza a girar al mismo tiempo.
-¿Rubén?
-Hola.-Me dice sonriendo y corro a darle un abrazo mientras miro nuestro reflejo en el gran espejo del hall junto a un pequeño árbol navideño y encima de nosotros el muérdago como cuando nos despedimos. Lo que pasa es que esto no era ninguna despedida sino un nuevo comienzo para los dos. Vuelvo la mirada hacia él y lo beso, sellando aquella promesa que ahora se cumplió bajo nuestro muérdago eterno.
 


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